lunes, 4 de marzo de 2019

436. Machado de usar y tirar



En el prólogo a la primera parte del Quijote, Cervantes critica, con su ironía y elegancia habituales, la costumbre de preñar los pórticos de las obras literarias con citas doctas y recónditas que mejor legitimasen la indudable autoridad y la naturaleza sapiencial del impostado prologuista. Y todo ello sin que el prócer de turno hubiera leído, claro está, a ninguno de los autores y libros que exhibe en su brillante retahíla de erudición. Más de cuatro centurias después, esa ostentación de cultura hecha de pastiches recogidos aquí y allá, adoptados de oídas y sin asomo de haberse cotejado con ninguna de sus fuentes, continúa enviciando ese prurito de intelectualidad de pacotilla con que algunos pretenden reivindicar su inteligencia como cosmético de su espantosa mediocridad. El ágora de Internet –nunca la palabra “ágora” se había degradado tanto– ha contribuido de manera colosal a extender la pandemia del listo ignorante, pues basta con preguntarle al tótem googleico por alguna frase que venga pintiparada a la ingeniosa apostilla de un frívolo debate en las redes sociales, para hallar todo un filón de expresiones sentenciosas, proverbiales y categóricas, con que adornarse de cara a la galería.
Hace unos meses cientos de usuarios de Facebook y de Whatsapp nos felicitaban el año nuevo con el noble deseo de cambiar el mundo, y citaban para ello un supuesto pasaje del Quijote donde el caballero le dice a Sancho: “cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”. Si logran ustedes encontrar la cita en alguna parte del libro cervantino avisen  a Francisco Rico para la oportuna revisión filológica porque lo mismo han descubierto una variante desconocida. Es esa ambición de parecer lo que no se es lo que ha hecho incurrir a nuestro guapo presidente del Gobierno (o al negro que le ha escrito el libro) en la tan traída confusión entre Fray Luis de León y San Juan de la Cruz al respecto de la célebre frase que el inmortal agustino supuestamente pronunciase al ser restituido en su cátedra de la Universidad de Salamanca tras casi un lustro en prisión.
Nuestros políticos son muy dados a citar a literatos en sus discursos para disimular su lamentable oratoria. Juanma Moreno se atrevió en su investidura nada menos que con Virgilio, al que seguro que ha leído en incontables ocasiones y, por supuesto, con Lorca y Machado. A este último lo han exprimido hasta la saciedad, quizás porque su modelo irreprochable tiene la virtud de encajar en todos los maniqueísmos que los políticos diseñan de acuerdo a su molde ideológico, de tal modo que desde VOX como a IU, pasando por los independentistas, todos sacan tajada de su figura incontestable. Y ahí están las fotos en su tumba de Colliure, en la que todos quieren salir, carroñeros ya hasta de la memoria de los muertos. De todos los que salen en la foto, seguro que el cien por cien ha leído Campos de Castilla. Ya… Eso no fue un homenaje, fue un escrache. Por cierto, que faltaba Puigdemont. Para aclararle, más que nada, qué significa la palabra “exiliado”.
Y claro, cuando ya se produce este mangoneo con figuras intocables como Fray Luis, San Juan de la Cruz, Lorca o Machado, al amante de la Literatura ya se le empieza a revolver el estómago porque ya nos están manoseando algo muy nuestro y muy querido y muy sagrado. Y uno se indigna y se apunta también a eso de las citas. Y así, uno puede soltar aquello de: “Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta”. Aún no he escuchado a nuestros políticos citar a don Benito Pérez Galdós.

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