El
último trabajo de David Sánchez Pacheco, Glory
Hole, fue galardonado en 2025 con el Premi Joan Guasp Vila de Consell de
Teatre y actualmente aspira al Premio de la Crítica Valenciana en la categoría
de textos dramáticos. Aunque la obra no ha sido todavía llevada a las tablas,
puede accederse al texto a través de la edición que preparó Edicions Balearia
al efecto de dar a conocer la distinción de marras.
El
argumento se centra en las tribulaciones de un matrimonio que un día recibe una
notificación procedente de la escuela donde estudia su hijo, alertando de un
comentario indecoroso del menor hacia una compañera de clase. Aunque no se
desvela explícitamente el contenido de la ofensa, pronto descubrimos, a través
de las conversaciones entre Àngel y Virgínia, que su naturaleza es de índole
machista y posiblemente de corte sexual. A la extrañeza inicial por el
comportamiento de su hijo, educado modélicamente por el matrimonio, le siguen
después las elucubraciones sobre el origen anómalo de esa conducta, llegando a
la terrible conclusión de que han sido ellos mismos los involuntarios
instigadores del exabrupto: Àngel y Virgínia practican el sadomasoquismo y Pau
ha debido de escuchar a través de las paredes algunas de las violentas
obscenidades que el juego erótico asociado a esa parafilia propicia. Se abre
también la hipótesis del contenido que el menor consume en su ordenador en la
intimidad. A partir de ese momento, son muchas las reflexiones que,
especialmente Virgínia, pone sobre el tapete. Entre ellas, el propio tipo de
relación sexual que mantiene con Àngel, aceptada por ambos como fantasía, pero
cuya condición aberrante, basada en la sumisión y la violencia, no responde tal
vez a la voluntad natural de la pareja sino a los estímulos exteriores
impuestos, o al menos sugeridos, por la pornografía, que han calado en su
educación sexual hasta el punto de naturalizar lo que probablemente no es
normal. En ese sentido, son muy interesantes algunos de los hallazgos
dramatúrgicos que David Sánchez Pacheco pertrecha. Así, Virgínia, además de sus
propios parlamentos, asume los textos de las acotaciones, asunción que redunda
en su propia condición de títere teatral, cosificándola (como hace Àngel
durante sus juegos sicalípticos) e incidiendo también en la ficción de un
matrimonio sostenido por la incomunicación. Justamente este último es otro de
los leit motiv de la obra: muchos
parlamentos se quiebran a medio decir, generan confusión o se reducen a
intervenciones monosilábicas en una deconstrucción del lenguaje que emparenta
con el teatro del absurdo. También es importante la presión social sobre la
intimidad doméstica: Virgínia es profesora en el mismo centro donde estudia su
hijo, y Àngel se dedica a la política. Ambos sufrirán la punición colectiva
tras conocerse el caso de Pau. Por último, se plantea también el conflicto
entre el derecho a la privacidad de los hijos y el compromiso con una educación
que no deje solo al menor ante las acechanzas del mundo, especialmente
Internet. El metafórico agujero sobre la puerta de la habitación de Pau,
trasunto del glory hole quel
matrimonio practica durante sus prácticas amatorias, adquiere connotaciones de
alta carga simbólica.
Respecto
a los espacios, la obra se desarrolla solamente en un ámbito doméstico e
interpretado por dos actores. Señalo esto último pensando en las plataformas
teatrales que debieran hacerse cargo de esta obra: no supone un gran dispendio
económico, el texto es bueno y nos interpela, y de paso visibilizamos el
trabajo de un joven dramaturgo que merece ser conocido.








