lunes, 13 de febrero de 2023

597. Cuevas de las maravillas

 


Ya el título, tomado de Paul Theraux, es una declaración de intenciones. Rosa Cuadrado nos invita a un viaje por diferentes ciudades europeas para hacer un muy especial estudio cartográfico, nos coge de la mano para trazar junto hermosos mapas literarios que tienen marcados como puntos de interés esos refugios que son las librerías.

Quienes, como yo, sean lectores empedernidos y viajeros infatigables sabrán que el algoritmo «viajar + libros» incluye inevitablemente la variable «librerías». Cómo no visitar, además de los monumentos turísticos de rigor, esas «cuevas de las maravillas», para dar cobijo a las desnortadas almas que a veces somos. Cruzar el umbral de una librería siempre tiene efectos balsámicos.

En cualquier otra parte (Ediciones Menguantes)  no incurre en el error de ser un mero catálogo de librerías ni la aséptica descripción de una guía de viajes al uso. Su autora ha sabido crear un texto sugestivo, con una voz narrativa, perfecta cicerone , que nos descubre historias fascinantes sobre librerías, libreros, autores, hechos históricos, sucesos políticos…

Rosa Cuadrado tiene la capacidad de crear atmósferas envolventes que permiten al lector ver y sentir aquello que está leyendo. Así, paseamos por París con Hemingway, quien nos presenta la icónica Shakespeare and Co., y a su librera Sylvia Beach, madrina del Ulises de Joyce; conocemos la historia de los beaterios belgas, esos centros que acabaron ejerciendo una importante labor social, educativa y sanitaria en época medieval (¿y acaso no son eso también las librerías, lugares de encuentro, de aprendizaje y de sanación a través de la palabra y de la belleza que se esconde en ellos?); nos refugiamos del frío en hermosas librerías-cafeterías en Holanda, en Viena o en Londres y leemos, a través de los ojos de la autora, poemas que ella también leyó en esos lugares, en un bisbiseo a dos voces acompasado por el olor a café, a té humeante, a chocolate caliente y a lignina. Siguiendo los pasos de Pessoa recorremos Lisboa, una ciudad en la que el mar y la saudade invitan a la lectura sosegada en librerías tan icónicas como Bertrand. Nos adentramos en episodios de la historia como la operación Market Garden en la librería de Arnhem; deambulamos por librerías de viejo, por puestos callejeros con libros de segunda mano,  como el del Tío Turgut en  Ankara, que parecen implorar a los posibles compradores una segunda vida en otras manos amorosas; descubrimos que una librería también puede dar cobijo a un árbol, el famoso «eje del mundo» de la librería Dost, símbolo de la conexión entre cielo  y tierra (¿y no son las librerías también lugares de conexión con otras vidas, con  otros mundos, con otros yoes?).

Página a página recorremos la ruta del Ulises en Dublín y peregrinamos por librerías con impresionantes escaleras de caracol, por las más antiguas de las ciudades, por librerías especializadas en todo tipo de literaturas, por las más arriesgadas que han creado su propio sello editorial, convirtiéndose así en adalides de primer orden en la defensa de la cultura, por librerías que son en sí mismas obras de arte, como la Taschen de Milán… Este paseo también nos permite conocer la historia del icónico Grupo de Bloomsbury o a personajes como Aspasia de Mileto, en el último capítulo dedicado a Grecia, un homenaje a la cuna de la cultura europea que no podía faltar.

En cualquier otra parte se puede definir como un libro interdisciplinar por el que desfilan en perfecta simbiosis nombres de escritores, músicos, pintores, escultores… y en el que todo lo descrito forma parte de la experiencia personal de su autora, quien consigue un equilibrio entre la parte informativa y su propia intrahistoria personal. El libro fusiona las cualidades de ambos registros para convertirse, al igual que las librerías que nos descubre, en un «puente de la palabra» que nos hermana a quienes sentimos la necesidad, en ocasiones, de estar en cualquier otra parte, pero con la sempiterna compañía de los libros, «esas pequeñas promesas de felicidad».

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Fernando. Me llamo Mónica.
Ha sido un placer leer algo tan cultural, como mencionas a Rosa Cuadrado.
Saludos
Mónica