
El pisito presenta la historia de Rodolfo y Petrita, novios desde hace doce años que no consiguen comprar un piso en Madrid debido a las dificultades económicas que sufren. Desesperados, ven la solución a sus problemas en doña Martina, una anciana de 85 años en cuya casa tiene subalquilada una habitación Rodolfo. Éste, instigado por Petrita, le pide matrimonio a la señora para poder heredar el contrato de alquiler de ésta y poder formar una familia. Lo que había comenzado como una broma se convierte en realidad cuando doña Martina acepta la proposición a cambio de que, tras su muerte, su gato sea cuidado por los nuevos inquilinos. La trama está salpicada de toques de humor que no eclipsan el drama que vive esta pareja que supera los 40. Piensen, por ejemplo, en el tema de la castidad que soportan los personajes, pues en la España de los años 50 era una deshonra mantener relaciones antes del matrimonio y en la urgencia por formar una familia ante el apremio del reloj biológico que va restando horas de fertilidad a Petrita. A todo ello se le suma la entrañable relación que se forja entre doña Martina y Rodolfo, pues ésta le colma de detalles y cuidados como una verdadera esposa ejemplar. Por todo ello, el sabor de la representación es, desde mi punto de vista, agridulce al igual que lo es la vida real.
Por otra parte, la puesta en escena es impecable. Los decorados están muy cuidados y son un homenaje a las portadas de la revista humorística La Codorniz, en la que Azcona participó. Lo mismo sucede con el vestuario de los actores y con la selección de éstos: Pepe Viyuela, Teté Delgado y Asunción Balaguer, la cual arrancó el aplauso espontáneo del público cuando apareció en escena en el Principal de Alicante.
En definitiva, esta versión nos ofrece la posibilidad de disfrutar de una de las obras maestras de uno de los genios del cine español. Así lo demuestran los numerosísimos galardones que recibió Azcona, como el Premio Nacional de Cinematografía en 1982, el Goya de Honor en 1998 o la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1994. Asimismo, se plantea un conflicto que al público no le es ajeno ya que en la actualidad los Rodolfos y las Petritas nos tenemos que casar con las entidades bancarias de por vida para conseguir nuestro hogar. Ahora bien, por un módico precio podremos sentirnos propietarios de este "pisito", el cual no defrauda y no tiene desperfectos sino que puede ser un idóneo broche de oro para poner fin a esta temporada teatral.
5 comentarios:
Excelente reseña. Gracias, una vez más, por la recomendación. Tomo nota por si me fuera posible ver esta obra.
Un abrazo
Pinta bien la obra de teatro, tendre que esperar a que llegue por estas tierras.
Un besico
A ver si es posible ver esa obrita. Buena entrada, como siempre, ampliamente documentada.
Saludos
Antonio, espero que puedas ver esta representación. Píramo y yo hemos cerrado con ella esta temporada teatral. Un abrazo y gracias.
Cris, aún me acuerdo de lo bien que lo pasamos cuando viniste a Alicante y vimos aquella obra. Seguro que repetimos. Un besico grande.
Esmeralda, gracias una vez más por tu visita. Ya nos comentarás si has podido verla. Un saludo.
A la obra quizás le faltó más continuidad en las escenas humorísticas, cuya pausa se dilataba en exceso. Pero quizás tiene razón Tisbe cuando dice que la obra no estaba diseñada solo para hacer reír.
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