domingo, 17 de junio de 2012

161. La poesía del vino



Durante las últimas semanas hemos podido degustar en Tarragona y Reus una muestra de lo más granado de las bodegas de nuestras comarcas. Los excelentes vinos con la Denominación de Origen Tarragona hacen buenas aquellas palabras del detective Carvalho en Los mares del sur cuando afirmaba socarronamente que “los catalanes están aprendiendo a hacer vino”. Siempre que se tercia beber un buen caldo, recuerdo inmediatamente a este detective sibarita creado por Vázquez Montalbán que, al beber una copa, se recreaba en las pausas gustativas y “se sentía ratificado, como si recuperara un rincón de patria dentro de sí mismo”. Y conviene hacerle caso más que a cualquiera de las guías vinícolas al uso.

Consejos de Carvalho
1)En primer lugar, es un sacrilegio beber vino tinto frío: “Hoy ya no se puede creer en la liturgia del vino desde que algunos gourmets se han pronunciado contra el tinto chambré y defienden el tinto frío. ¿Dónde se ha visto eso? La raza degenera. Las civilizaciones se hunden el día en que empiezan a cuestionar lo incuestionable”.
2) Jamás debe beberse en copas de cristal coloreado: “Beber el vino blanco en copas verdes es una horterada incalificable. Yo no soy partidario de la pena de muerte salvo en casos de náusea, y esa costumbre de la copa verde es un caso de náusea. ¿Cómo se le puede negar al vino el derecho a ser visto? El vino debe ser visto y olido antes de pasar a ser gustado. Necesita cristal transparente, el más transparente de los cristales. La costumbre de la copa verde la inició algún maître francés cursi, se apropió de ella la aristocracia más cursi y de ahí fue bajando hasta llegar a las vitrinas a plazos y a las cristalerías de las listas de boda de la burguesía de medio pelo”.
3) El vino, siempre con alcohol. Por eso, Carvalho, cuando asiste a un local de postín donde todos los señoritos recomiendan no probar el alcohol, “mientras con una mano se palpaban las cinturas maltrechas por masajistas con odio de clase”, se pide en la barra un whisky...con alcohol (por si acaso).

Las etiquetas
Elijo a Vázquez Montalbán para este maridaje de letras y vino como podría haber elegido a otro cualquiera. La literatura y el vino dan para una ingente cantidad de dulces ebriedades. Pero para verdadera poesía, la que se puede leer en las etiquetas de las botellas. Sorprende la abundancia de sinestesias, que constituyen un auténtico goce para los sentidos. Así, un vino puede resultar aterciopelado, sedoso o redondo; nos ofrece notas de madera, retazos de ebanistería fina, de piel o de monte bajo; nos habla del paso del tiempo; es elegante, amable y expresivo, con un larguísimo final de boca; aporta un tanino rico y nervioso; es carnoso, sensual, goloso y seductor; en el limbo de la copa o en el ocaso del borde puede presentar irisaciones de teja o de rubí; nos dibuja un aroma equilibrado a base de mina de lápiz; nos trae recuerdos de hojarasca, de fondo floral o de resina; puede ser noble o por domar; de textura compleja y lágrima densa; al respirarlo pueden aparecer notas de guindas y chocolate licoroso mezcladas con un suave fondo de cuero; o evocarnos a un quiosco de golosinas; su caída en copa es silenciosa como monje de convento; se puede criar bajo rocíos periódicos.

Brindan Juan Marsé, Eduardo Mendoza y Maruja Torres en Casa Leopoldo. Reverbera el delicado chinchín  como eco de tañido en espadañas de cristal.  Beben, y al calor del rojo líquido recorriendo el gaznate, se miran y sonríen tristemente. Todos piensan en los huecos vacíos de Terenci Moix o de Vázquez Montalbán. El vino devuelve siempre a los amigos. Mientras, Carvalho y Manuel se emborrachan de eternidad en las playas de quién sabe qué mares del Sur.


Eduardo Mendoza, Maruja Torres, Vázquez Montalbán y Juan Marsé, en casa Leopoldo

Véase también: "La poesía del té"

13 comentarios:

Angelus dijo...

De acuerdo con Carvalho... y contigo. Saludos.

Javier Angosto dijo...

Muy bueno lo de las sinestesias de las etiquetas de los vinos. Son todo un mundo... A mi mujer le encanta leerlas.
Hagamos caso a la vieja Celestina y bebamos todos vino. Que como cantan los del Nuevo Mester de Juglaría, "¿vino Dios al mundo? Sí, vino. ¿Y por qué vino? Porque convino. Y pues que convino, ¡vino!".
Salud a todos los del blog. Salud, buenos vinos y buenos libros.

Inma Rodríguez dijo...

Tu artículo es el impulso final que me faltaba para decidirme a coleccionar etiquetas de botellas de vino.

Enrique Villagrasa dijo...

Eres gran pintor de los oídos y gran poeta de los ojos, que dijo Lope

Píramo dijo...

ÁNGELUS, el vino siempre pone de acuerdo. Gracias.

JAVIER, qué divertida cita la del Nuevo Mester. Pues eso, ¡vino! Gracias.

INMA, bonita colección. Sólo hay que saber elegir, como el buen vino.

ENRIQUE, gracias. Ha debido ser el vino.

Enrique Villagrasa dijo...

In vino veritas

Tisbe dijo...

Precioso artículo. Leer las etiquetas del vino es tan sugerente como los nombres de los tes. Haremos caso de los consejos del detective. Estoy de acuerdo con el elogio de Enrique Villagrasa, es totalmente merecido. Enhorabuena.

Píramo dijo...

TISBE, gracias. Ya tengo ganas de una cenita al calor de una buena botella de vino, si es posible de la Conca de Barberà. Ahora habrá que inaugurar el ritual de leer las etiquetas.

Francesc Cardús dijo...

‎"Bien valdra, commo creo, un vaso de bon vino".

E. Martí dijo...

Al amparo del vino han surgido bellas palabras... Gran aliado de la sensibilidad humana.
Abrazos

Píramo dijo...

Francesc, con las viñas riojanas, Berceo de eso debía saber bastante.

Esmeralda, si uno se siente avispado después de una copa, qué efecto no podrá hacer el vino en los genios. De todos modos, el malditismo literario yo creo que ha exagerado esa idea de las obras realizadas al amparo de la ebriedad.

Ramón García Mateos dijo...

Magnífico el artículo, Píramo, que no conocía. Ay, el vino. Si la llamada literatura culta está llena de referencias al gran invento del viejo Noé, la literatura popular es una verdadera enciclopedia de sabiduría vinícola: cuentos, chascarrillos, coplas y, sobre todo, brindis.

L'Home dels Nassos dijo...

Bonito, sutil, delicado, vitalista y un punto nostálgico...y, por supuesto, escrito de forma preciosa como todo lo que escribes.