domingo, 14 de octubre de 2012

176. Blancanieves o la felicidad.


El cartel promocional de la película es obra de Jordi Rins, natural de Reus
Antes de salir de la sala del cine, con los créditos todavía derramándose sobre la pantalla, temo que ahí fuera me van a irritar los colores vivos de los neones, el vocerío impenitente de la muchedumbre, los olores penetrantes de las cocinas, los cláxones irreverentes de los coches, el relente de la noche. Es un mundo hostil el de ahí fuera. Pero no. Lentamente, ajeno a todo, sombra silenciosa, atravieso narcotizado la distancia que separa el complejo comercial de los aparcamientos donde espera mi coche. Una vez dentro del vehículo, el sonido seco de la portezuela al cerrarse levanta una frontera de profundo silencio. Fue entonces cuando sucedió. No hubo ni un mínimo temblor, ni un sólo espasmo, ninguna mueca desencajada. Sólo un llanto dulce y sereno. Un llanto feliz. Y la ternura de las estrellas en lo alto, colgadas de un cielo en  blanco y negro.

Escribo estas líneas apenas unas horas después de haber abandonado la sala 1 de los cines de Les Gavarres, en Tarragona, donde se proyectaba Blancanieves, la película de Pablo Berger.

Las escribo ahora, con el tizne púrpura de las lágrimas todavía cubriendo las ojeras. Las escribo ahora, antes de que amanezca y la luz traiga la vulgaridad del día, sus urgencias, su pragmatismo; antes de arrepentirme de escribir esto que escribo porque no se pueden escribir críticas cinematográficas como éstas en un periódico. Antes de que el corazón se vista las galas de lo académico y se ponga birrete y se cubra con la toga del crítico, ése que esperan los lectores, con su palabrería técnica, sus análisis metódico, su valoración argumentada.

Hace ahora cuatro meses, escribí en estas mismas páginas la crítica de la película Blancanieves.La leyenda del cazador. Defendía yo entonces la legitimidad de las versiones que respetan el espíritu del original y que no son más que la evolución natural de la tradición. Aquel artículo hubiera servido para esta ocasión también. Pero hay dos diferencias. La primera es que, esta vez, Berger ha sublimado el original; y la segunda, que el Arte se ha enseñoreado de tal manera en cada resquicio de mi alma tras ver la película, que me niego, por puro respeto, a manchar su altar con la bajeza de las palabras. Hay que dejar hablar a las emociones. Porque aquel llanto en la soledad de mi coche no brotó de la melancólica tristeza de la película, que la tiene, sino de la alegría del encuentro total con el Arte, del misticismo de su hallazgo inesperado, de la revelación concreta de su credo, de la aparición mesiánica que nos demuestra que el Arte, en su más alta expresión, existe en nuestro mundo de sinsabores y nos eleva y nos redime y nos salva. La película de Berger es de una delicadeza, de una sensibilidad, de una perfección formal como no he visto nunca. Todo lo demás, su supuesto homenaje al cine mudo, la versión sobre el cuento de los hermanos Grimm, su maravillosa y emocionante españolidad, todo queda en segundo plano ante la evidencia del Arte que se impone.

Mañana habrá pasado todo. Me sentiré más lúcido. Diré a mis amigos que es la mejor película que jamás he visto y pensarán que exagero y pensaré yo mismo que exagero también. Con la emoción ya atenuada releeré en el periódico éste, mi artículo, y sentiré cierto pudor. Pero da igual. Porque estas líneas son para este momento. Este artículo es para mí, para recordarme que fui capaz de sentir esto que siento ahora. Porque, antes de que amanezca, quiero anotar en mi cartera, que yo fui, por un instante, realmente feliz en una sala de cine. Que yo estuve allí, viendo Blancanieves, de Pablo Berger.
 

27 comentarios:

Javier Angosto dijo...

Que ese "cierto pudor" del que hablas no te venza, Píramo, porque has escrito una reseña preciosa y sincera a carta cabal.

Tisbe dijo...

Has escrito un artículo sencillamente precioso. No has de ruborizarte al releer tus palabras, pues encontrarse frente al ARTE con mayúsculas es una experiencia que nos enriquece el alma.

Pau Luque Lozano dijo...

Quizás sea cierto que la noche ofusque la consciencia, o quizá incluso la conciencia, pero también es cierto que ese relente del que habla aclara, aclara el alma y la hace brillar, pues ese es el brillo de los ojos en la oscuridad, que trae consigo el recuerdo de la felicidad amarga, la sensación de la virtud de uno mismo, por exagerado que parezca.
Pero hoy no hablamos de esto, ¿verdad? Hoy entendemos como el arte te acogió entre sus brazos. Quizás la noche ayudó, quizás no; pero de todas formas fue mejor juez de tus emociones que el día.
Entonces, comprendemos que el estremecimiento del espíritu venga en la noche, porque es el momento, el éxtasis lo que vive la noche, el día recuerda y el recuerdo no puede concebir toda la extensión de la Belleza. Pienso que sí que ha hecho bien de escribirlo en víspera, porque, aun paradójocamente la noche conserva la consciencia mientras que el día la sume en el letargo de la rutina.
Siempre alabamos los libros (y hacemos bien), pero es bueno recordar que el arte existe en todas las formas posibles de exaltar, incluso en ésta, que a veces destroza a otros compañeros suyos, pero que a veces, y como hemos visto, también anima, da vida, y es que el poder hacer hablar así a un hombre, como hemos visto, merece ser llamado Arte.

Inma dijo...

Desabrochaste mis emociones, tambien el lazo que ciñe mi agenda. En luces de neón queda apuntada mi cita con él, con ella, conmigo misma.

David Gallego dijo...

¡¡¡A ver si nos llevamos el Oscar!!!

Cristina Fernández dijo...

Felicidades a Fernando por atreverse a transcribir al papel, la sensibilidad que le provocó la película.

Blancanieves, la Película dijo...

¡Muchas gracias! Es preciosa.

Mari Carmen dijo...

Y no te olvides que en la contribución villenera al ARTE en esta película es el pasodoble La Entrada de Quintín Esquembre, creado para las fiestas de moros y cristianos de Villena. Te adjunto el enlace para que puedas disfrutar de ella:
http://www.youtube.com/watch?v=5zWwoXKmWys

Érie Bernal dijo...

La piel de gallina me has dejado. Hay obras que nos llegan, nos remueven y es entonces cuando las emociones brotan a borbotones inevitablemente. Yo, que he llorado, reído, amado, odiado... con muchas obras de arte, comprendo perfectamente lo que narras en tu artículo. La conexión con nuestras emociones no es más que la reconexión con nosotros mismos y, a veces, más de las que pensamos, son las obras de arte las que no recuerdan que sentimos, que tenemos emociones, que estamos vivos y respiramos. Enhorabuena por esta fantástica entrada.

Alfredo J. Ramos dijo...

Sin llegar a sentir ese arrebato que tan bien describes, me parece una gran película. Y estoy de acuerdo que lo importante en ella no es ni que sea en B&N, ni que sea muda, ni el supuesto homenaje a una forma de hacer cine.... Es, realmente, una obra artística realizada con una gran perfección y surgida, quizás, de un hallazgo metafórico de apariencia sencilla: la chispa que hace caer en la cuenta de que los enanos de Blancanieves, un hito de la memoria infantil de la humanidad (y no solo infantil: del niño que perdura) pudieran ser de la misma naturaleza que los aún más irreales enanitos toreros (un fogonazo en la memoria de este país). ¿No crees que esa pueda ser la imagen matriz (imago matrix) que pone en marcha toda la historia? No explicitas demasiado tus impresiones concretas, más allá de la forma admirable en que compartes tu emoción; quizás en otro momento, más sosegado, lo hagas. También me gustaría escribir sobre la película, pero quiero volver a verla antes. Un saludo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Naturalmente, «estoy de acuerdo en que...». ¡Ay, esos "marditoz roedorez"... que son la erratas! Más saludos.

Píramo dijo...

JAVIER, gracias. Es el pudor de quien abre su corazón al ágora de los periódicos. Pero ningún pudor cuando se trata de reivindicar el vuelo del espíritu hacia las esferas del Arte.

TISBE, muchísimas gracias. Tú conoces ya la emoción que siento ante ciertas experiencias. ¿Recuerdas San Millán? A ti, que eres mi refugio, nada me cuesta expresártelas. Otra cosa es abrirte al mundo. Pero hay que dejar testimonio.

Estimado PAU, gracias por tus palabras y bienvenido al blog. Es cierto que la noche propicia la magia y el recogimiento adecuado para dar rienda suelta al espíritu. "Aunque es de noche", decía San Juan de la Cruz, para luego cambiar el verso y decir "porque es de noche". En la noche del espíritu, la luz del Arte.

INMA, celebro el streptease cultural. Al Arte hay que entregarse desnudo.

DAVID, de momento está seleccionada por España pero falta que entre en la nominación final del resto de películas de lengua no inglesa. Veremos. Pero, desde luego, sería un galardón merecidísimo

CRISTINA, muchas gracias.

BLANCANIEVES, celebro que os haya gustado. Os deseo toda la suerte en el camino hacia el Oscar.

MARI CARMEN, por supuesto. La banda sonora es preciosa.

Gracias, ÉRIE, por tus palabras. Y celebro tu complicidad al amparo del Arte. Las amistades surgidas alrededor del Arte suelen ser imperecederas.

Amigo, ALFREDO. Gracias por tus palabras y no te apures por las erratas. Efectivamente, no soy muy concreto en mi artículo respecto a las impresiones más "técnicas" de la película. Pero es deliberado. Como has adivinado, el tono de la reseña pretendía sólo describir la sensación, entre eufórica y mística, del encuentro desnudo con el Arte de verdad. Para escribir una opinión más razonada y menos arrebatada por el éxtasis del momento, tendría que hacer como tú, volver a ver la película con una mayor lucidez racional. Tienes razón con lo que apuntas de los enanos. Quizás sí esté ahí el germen de la construcción, aunque tú pareces adoptar con esa opinión una postura más bien antropológica. No lo sé. Lo que está claro es que los enanos toreros, que muchos veían como una tomadura de pelo antes siquiera de ver la película, en ese ejercicio tan español de prejuzgar algo antes de conocerlo, tienen un encaje perfecto en el argumento y en la razón de ser de la película y en su españolidad. Me gustará leer tu crítica de la película. Conozco lo atinado de tus opiniones. Un abrazo, gracias por pasarte, una vez más, por aquí y por compartir este ratito de tertulia.

Alfredo J. Ramos dijo...

Más que antropológica, si me lo permites, amigo Píramo, de lógica de discurso, de generación (o germinación) de un texto, de génesis del poema, por usar una terminología pedantuela pero que supongo cercana a tus intereses profesionales. Intentaré aterrizar con un ejemplo: un día te estás afeitando y de pronto te viene a la cabeza la imagen de un enano (dejemos en suspenso el porqué). El hilo tira del ovillo, y como en la radio está sonando un pasodoble, de inmediato recuerdas que una vez de pequeño asististe a un espectáculo del bombero torero, una "atracción de feria" cuyo mayor aliciente era la presencia de una cuadrilla de toreros enanos que hacían mil y una gracias en el ruedo en torno a una vaquilla y a un gigantón vestido de bombero con su larga manguera... (El bombero acabará siendo sacrificado por intruso.) Pero es difícil pensar en enanos sin acordarse del cuento de Blancanieves, ese relato que junto a otros brilla con su caudal de imágenes en el fondo de tu memoria. Y que también conserva (como bien sabes, el enano es un personaje proverbial, muchas veces asociado a la maldad, casi siempre a la astucia) un misterio inquietante. ¿Y si los enanitos de Blancanieves (y este es el "momento estelar" de la imaginación) en realidad fueran una troupe de circo...? Recuerdas bien, o solo vagamente, el nudo del cuento: una lucha de pasiones con la belleza como excusa y la envidia como arma. Una tragedia de la inocencia, también. ¿No es ese el núcleo de una historia intemporal? ¿Por qué no leerla o contarla de nuevo a la luz de esta imagen que te parece deslumbrante: Blancanieves rodeada y mimada por una cuadrilla de enanos? Para que eso sea posible, y no chirríe argumentalmente, hay que situar la acción en un escenario apropiado: un lugar en el que resulte "realmente" posible una imagen así. Ese lugar existe, no está solo en tu memoria: se llama España, la España "racial", llena de tópicos pero también de pathos y, sobre todo, visualmente fascinante... (también podría haber sido México, e incluso así tendríamos el apoyo literal y poderoso de Luis Buñuel..., pero las raíces tiran lo suyo..., y además Buñuel no andará lejos de todo esto...). Supongo que otras razones hacen que una vez descubierto el escenario espacial, se imponga el temporal: los años 20, una edad en el que idealmente toda pasión era posible. Y en la que una historia como la que el cuento de Blancanieves cuenta resulta no solo factible, sino casi natural..., sobre todo si la centramos en un entorno de toreros (necesario) y querencias flamencas (plausible)... Et voilá....: la magia está servida, incluso con la elección del blanco y negro y del cine mudo como opciones recomendables... Bueno, hay que hacerlo con arte, claro, con poesía sobre todo. Y esa es, me parece, la principal característica de esta película: su estructura poética. Pero quizás tengas razón, Píramo: no deja de ser una mirada antropológica, un tipo de explicación semejante a las que Propp maneja en sus análisis de los cuentos... En fin, disculpa "el tocho" improvisado. La película da para mucha plática, sin duda. Un abrazo.

Píramo dijo...

Alfredo, como hipótesis tu reflexión tiene todo el fundamento del mundo. La chispa creadora surgida de asociaciones imprevistas pero alojadas de forma latente en el imaginario, es un procedimiento más que demostrado. Sólo necesitan activarse. Lo emocionante de esta Blancanieves es que Berger no pudo sustraerse de hacerla encajar con ese españolismo bien entendido. Todo lo demás, como bien apuntas, viene ya por añadidura natural.

Rocío Fernández Díaz dijo...

¡Hola Fernando! Mi nombre es Rocío Fernández Díaz y soy la administradora de Blancanieves ¡Encantada de conocerte! Te escribía, en primer lugar, por tu apoyo incondicional. Es de agradecer y mas cuando tenemos que luchar constantemente con personas que desvirtúan el trabajo que hemos realizado. Por otro lado quería decirte que me ha encantado tu crítica, de hecho me he encargado personalmente de enviarla a Pablo Berger. Espero que no te importe.
Me ha contestado lo siguiente:

QUÉ MARAVILLA!
La película la hemos hecho para él, para personas que ven/sienten Blancanieves como una experiencia emocional.
Muchas gracias.
Pablo.

Píramo dijo...

Querida Rocío. No sabes cuánto me ha emocionado lo que me cuentas en tu comentario. Es un orgullo que Pablo Berger haya leído la crítica y opine así de ella. Yo estoy todavía narcotizado por aquella experiencia. Muchísimas gracias por hacerme llegar la respuesta de Pablo Berger. Me ha hecho una ilusión infinita. Mucha suerte y gracias de nuevo.

Pilar Gonzalvo dijo...

La película es una delicia y tu crítica lo es más. Mi pareja accedió a verla tras leerte, así que también yo te lo agradezco. Un beso.

Laura Guerrero dijo...

¡¡¡Qué ilusión!!! ¡Me alegro muchísimo!

Tisbe dijo...

¡Qué bien! Tienes que sentir una ilusión enorme. Doy fe de que te encanta la película. Me alegro muchísimo por ti. Espero que la repongan en el cine para verla cuanto antes.

Mari Carmen Pidal dijo...

Enhorabuena Fernando, te habrá hecho una ilusión tremenda. Me alegro un montón. A ver si quedamos pronto y lo celebramos.

Manuel Martín dijo...

Enhorabuena, Parra.

Laia Martín dijo...

Quien siembra, recoge. ¡Enhorabuena por todo ese esfuerzo!

Inma Rodríguez dijo...

¡Felicidades y alegrías merecidas, Fernando!

Píramo dijo...

PILAR, gracias. Sólo te corrijo en algo, aunque agradezco tu buena intención: "La película es una delicia y mi crítica es la película quien la inspira". Celebro que el artículo sirviera para que acudiera la gente al cine, particularmente, la gente de Tarragona. Lastimosamente, la película duró muy poco en cartel. Pero tendremos "Hobbit" por un tubo.

LAURA, gracias por compartir mi ilusión.

TISBE, quiero ir a verla contigo, Beíta... A ver si entra en la preselección de los Oscar y así lo mismo la reponen.

MARI, gracias. A ver si cuadramos calendarios.

MANOLO, LAIA, INMA, gracias.

Alfredo J. Ramos dijo...

Esta noche, en la sala Berlanga de Madrid, he vuelto a ver Blancanieves. Y la he disfrutado aún más que la primera vez. Con el añadido de que, al finalizar la proyección, hemos podido entablar un diálogo con el propio Pablo Berger, así que he aprovechado para, además de felicitarle, preguntarle por los orígenes de la película. Ha venido a confirmar mis sospechas, si bien poniéndole un referente preciso: el desencadenante visual, la primera imagen, fueron las fotos de enanos toreros de Cristina García Rodero en su libro «La España oculta», que le produjeron un gran impacto. Al verlas, le asaltó de forma casi inevitable («a cualquiera se le hubiera ocurrido», vino a decir) una pregunta que fue el embrión de la historia: si hay enanos..., ¿por qué no una Blancanieves? Después, unas cosas fueron tirando de otras... La obra de Rodero, curiosamente, tiene además de un enorme valor estético, un marcado carácter etnográfico: es la gran retratista de las costumbres españolas en extinción. El vuelo de la película va por otro lado, pero no deja de ser destacable que, a la hora de recrear un cuento clásico, vuelva a ponerse de relieve ese carácter de testimonios de raíces profundas del ser de los pueblos que las narraciones de la tradición folclórica (en su sentido puro) tienen. Mañana son los Goya: sin duda será la noche de Blancanieves. Otro saludo.

Píramo dijo...

Qué suerte poder debatir con Berger. Todo un privilegio, amigo Alfredo. Ya ves que ibas muy bien encaminado respecto a tus intuiciones. Enhorabuena por ese buen tino tuyo que, por otro lado, ya conocía por tu blog.
Y toda la razón respecto a esa inercia del cuento popular para recuperar el sustrato de los pueblos por derroteros insospechados.

manipulador de alimentos dijo...

Estampas curiosas, una mirada diferente, un final desolador.... Hay buen material y hermoso cine en las imágenes de 'Blancanieves' que nos trae Pablo Berger. Aunque no sé si el hecho de que se haya llevado diez Premios Goya en la última edición dice mucho de nuestro cine. Un saludo!!!