martes, 20 de agosto de 2013

219. Viajes literarios: París.

 

Tañen con vehemencia inusitada las campanas de Notre-Dame. En el número 17 del Quai d’Anjou, en el Hôtel de Lauzum, frente al Sena, Charles Baudelaire levanta su cabeza de las cuartillas donde escribe y permanece unos segundos atento al frenesí metálico de las campanas, que tienen algo de agónica desesperación. Luego vuelve sobre su escritorio y continúa abonando con el estiércol de la vida sus Flores del mal.

En ese mismo instante, Julio Cortázar se cita con la Maga en el Pont des Arts con las campanas certificando la hora convenida; en al aire, las notas vibrantes juegan haciéndose camino en una rayuela imposible.

Es la hora del té y Marcel Proust apura su magdalena en su casa, frente a La Madeleine, que busca también, entre sus columnas corintias, un tiempo perdido. Otros prefieren los cafés: Camus se siente menos extranjero contemplando, desde el Café de la Mairie, la iglesia de St. Sulpice, mientras los surtidores de la fuente dicen su eterna canción con su lenguaje universal. Sobre los cuatro obispos de piedra de la fuente se posan las palomas. Hemingway anota la imagen en su cuaderno. Luego las palomas echan a volar impelidas por el sonido incesante de las campanas. Cuando Jean Paul Sartre las oye desde su mesa del Café de Flore, en St. Germain, se disculpa azorado ante su compañera de tertulia, Simone de Beauvoir, y se marcha rápidamente hacia La Sorbona para impartir sus clases. Antonio Machado ya ha ocupado su asiento en el aula y espera con devoción al maestro Bergson. Entre tanto, su esposa Leonor le aguarda en el hotel. Pronto descubrirá la versión menos teórica de eso que llaman existencialismo y revelará sus arcanos. Al asomarse a la ventana y escuchar las campanas angustiadas de Notre-Dame, siente un vértigo inexplicable.

Las campanas no se oyen en el interior de la Ópera de París. La ovación atronadora de los aplausos lo impide. Sobre el escenario, la pequeña bailarina de Reus, Roseta Mauri, ataviada con su sombrero cordobés, saluda reverencialmente al público tras la representación de El Cid, de Corneille. Nadie, excepto Gaston Leroux, repara en la sombra que se desliza por el palco y que fija su mirada sobre Christine.

Emilia Pardo Bazán pasea ufana por el Campo de Marte y se extasía al pie de la Torre Eiffel. Luego, en su hotel, mientras redacta la crónica sobre la Exposición de 1889 para la prensa sudamericana, se acuerda de su miquiño don Benito, allá en Madrid, interrumpe su labor y doña Emilia se hace cronista furtiva del corazón. Las campanas desbocadas de Notre-Dame se le antojan su propio pálpito.

 En el número 14 de la Rue Campagne Première, en Montparnasse, Verlaine y Rimbaud beben absenta y escuchan la pena de bronce de las campanas. En la librería La Hune, éstas suenan distintas, tamizado su sonido por el delirio surrealista.

Muere César Vallejo en París con aguacero, aunque no era jueves y en el cementerio de Montparnasse las “tristes campanas muertas sepultadas / en el féretro gris del campanario / son como almas de bardos, olvidadas / en un trágico sueño solitario”.

Porque en el campanario de Notre-Dame, las campanas han dejado ya de sonar. El campanero exhausto, jadeante y lacrimoso contempla el horizonte desde las alturas. El viento aún cimbrea ecos de bronce en el aire. El campanero lanza una mirada torva de rencor hacia el Panteón, donde descansa Víctor Hugo junto a Alejandro Dumas y Zola. El sol empieza a ocultarse. Los últimos rayos se filtran débiles por los arcos de la torre y proyectan sobre el suelo ilusiones móviles de gárgolas y trasgos. En la penumbra, se desliza silenciosa por la escalera de caracol una sombra gibosa. Abajo, París. Tan hermosa.
 
ÁLBUM LITERARIO DEL VIAJE
Notre Dame, inmortalizada por Víctor Hugo

Hotel de Lauzum, donde Baudelaire, acabó sus Flores del mal
"Julio Cortázar se cita con la Maga en el Pont des Arts"
Casa de Marcel Proust, frente a La Madeleine
La Madeleine
Café de la Mairie, frente a St. Sulpice, del que Camus era cliente habitual
St. Sulpice
Fuente de la Plaza de St. Sulpice. Hemingway la inmortalizó en París era una fiesta
Café de Flore, donde celebraban su tertulia Sartre y Simon de Beauvoir
La Sorbona, donde Machado asistió a las clases de Bergson
Fachada de la Ópera de París

Interior de la Ópera de París. No vimos al fantasma

Torre Eiffel. Pardo Bazán la descubrió prácticamente recién inaugurada y fue cronista de la Exposición de 1889
Hotel Istria, donde se alojaron escritores como Rilke. Frente al hotel, la casa de Verlaine y Rimbaud, hoy desaparecida.
Librería La Hune, baluarte del Surrealismo.
Cementerio de Montparnasse. Tumba de Baudelaire

Cementerio de Montparnasse. Tumba de Julio Cortázar

Cementerio de Montparnasse. Tumba de César Vallejo.
Panteón de Hombres Ilustres. Aquí descansan Víctor Hugo, Alejandro Dumas y Zola, entre otros.
"Los últimos rayos se filtran débiles por los arcos de la torre y proyectan ilusiones móviles de gárgolas y trasgos"

Vistas de París desde las torres de Notre-Dame.




6 comentarios:

Javier Angosto dijo...

He empezado viendo las fotos y me han encantado, pero lo cierto es que el texto no desmerece en nada a "los santos" (que decimos en Teruel)que ilustran la crónica.
Provoca melancolía comparar el trato que reciben cuando mueren los hombres de letras en Francia con el que reciben en España.

Antoni Coll dijo...

¡Vaya hermosa crónica de París al son de las campanas de Notre-Dame! Enhorabuena. Un abrazo

Píramo dijo...

JAVIER, el texto, aunque está mal que yo lo diga, es mejor que el santo, aunque peor que la santa. Gracias por tu lectura siempre generosa. Y sobre lo último que apuntas, tienes razón. Pero ¿qué se puede esperar de un país donde su propio nombre, genera incomodidad?

ANTONI, gracias. Otro abrazo.

Tisbe dijo...

Este texto me parece precioso. Rezuma delicadeza y buen gusto. Sigue deleitándonos con tus palabras siempre.

E. Martí dijo...

!Ay París de tantos ilustres literatos y pintores!...Me encantan tu texto y tus fotos que me hacen sentir nostalgia por esa ciudad siempre-nueva cada vez que la visito con mis alumnos.
Para la próxima, tienes que tomarte un café en "Les deux magots", frecuentado por Jacques Prévert, Gide, Sartre, Beauvoir, Verlaine, Rimbaud, Mallarmé y tantos otros(surrealistas y existencialistas). Situado también en el barrio de St. Germain.
Igualmente es necesaria la visita al cementerio del Padre Lachaise, donde descansan: Miguel Angel Asturias, Balzac, Camus, Apollinaire, Molière y un sinfin de personajes que siempre serán recordados.
Enhorabuena por el magnífico texto.
Abrazos

Camila dijo...

Me encanta tener la posibilidad de disfrutar de viajar y tambien me gusta mucho la literatura y por eso trato de leer mucho sobre todo libros relacionados con el turismo. Hace poco que compre Vuelos a Buenos Aires desde Cordoba y espero conseguir alli mayor cantidad de libros para leer