domingo, 20 de septiembre de 2015

303. Ortogravida



Confieso que a veces me puede la pereza, que someto mis fuerzas al dios tirano de la apatía, que la abulia se enseñorea de mis potencias todas y que, en consecuencia, doy de mí la versión beta con la que ir tirando. Ahora mismo, por ejemplo, me está costando horrores escribir este artículo y mi voluntad funciona al ralentí. Por eso es bueno cruzarse en la vida con personas que te sacuden el polvo acumulado por la desidia y zarandean el ánimo sesteador. En mi relación con la escritura, hay tres personas que cumplen esa función. Con ellas no puedo bajar la guardia y me obligan a mantener siempre el tipo. Una de esas personas es mi amigo Javier. Con Javier hablo de literatura todas las semanas a través del correo electrónico. En nuestras conversaciones siempre se citan títulos de libros. Pues bien, no he visto nunca ni uno sólo de esos títulos sin su cursiva correspondiente. A mí me causa una desgana terrible tener que clicar en el botón de cursiva del editor de textos del correo cada vez que tengo que nombrar el título de una obra pero a ver quién comete la indolencia de no estar a la altura de su escrúpulo formal. Luego está mi mujer y el WhatsApp. No hay en ninguno de sus mensajes, una sola falta de ortografía. Yo, a veces, escribo sin tildes por pura holgazanería. Me basta con que ella sepa que cometo el error aposta. Pero luego me hace sentir mal y hago el esfuerzo (titánico, es endemoniado el proceso de colocar tildes en los móviles) de escribir correctamente. Es como tener una mancha de mayonesa en la boca. Da igual la confianza que haya entre ambos, no queda bien. El tercero es mi amigo Augusto, implacable detector de erratas en mis artículos del Diari, que luego me reprueba con despiadada sorna durante toda la semana. Y ahí es de ver cómo repaso angustiado todos mis artículos antes de enviarlos a la redacción del periódico.

Estos detalles nimios de la ortografía, no lo son tanto. Representan la actitud de hacer bien las cosas en la vida, de esmerarse en cada acto, de darse al mundo con su mejor faz. En mi profesión como docente observo esta desidia todos los días. Y lo peor es que se perdona. Si un alumno entrega su trabajo fuera de plazo ya se le recogerá mañana o pasado; si, sistemáticamente, llega unos minutos tarde al aula, vía libre; si obtiene un cuatro en un examen, es un cinco, porque, total, por un punto, no se le va a suspender. Y así, vamos condescendiendo con la negligencia hasta hacer de la vida un burdo apaño para ir saliendo del paso. Pero ese no es el camino. El telescopio espacial Hubble de la NASA envió sus primeras imágenes borrosas porque el cristal era sólo 2’2 micrones más plano de lo conveniente, el equivalente a algo unas 50 veces más delgado que un pelo humano, pero suficiente para poner en peligro el éxito del proyecto. Las décimas sí eran aquí relevantes. La crisis del ébola de hace unos meses no fue más que el resultado de una chapuza protocolaria al más puro estilo patrio. El ébola éramos nosotros. El fontanero que nos inundó el cuarto de baño, el electricista que dejó a todo el bloque sin luz, el cocinero que descuidó un pelo en la sopa, el cirujano que se dejó el bisturí en el bazo del paciente, el que tiró una colilla en el bosque,  el que dejó marchitar un amor, el que no cuidó una amistad, el que oyó la enésima paliza tras el tabique y no cogió un teléfono, todos, empezaron quizás mucho antes sus irresponsabilidades cuando omitieron por vez primera aquella insignificante tilde. Y les dio igual. 

12 comentarios:

Javier Angosto dijo...

Ja, ja, ja... Por alusiones amistosas: me alegra que digas que cito siempre los títulos en cursiva. Porque luego en la revista en la que escribo la mayoría de las veces desaparece la cursiva y parece que sea desidia mía.
A mis alumnos, y especialmente a mis alumnas, les recomiendo que huyan de los novios con faltas de ortografía, pues seguro que no son detallistas.

Augusto dijo...

Píramo, hay una errata en tu artículo, ya que indicas "mi amigo Augusto". De amigo nada, conocido y gracias. Que no vuelva a suceder, que tengo una reputación que mantener (toma pareado).

Píramo dijo...

Javier, a mí me pasa eso mismo en el periódico. Incluso tuve que mandar los títulos entrecomillados para destacar que eran en cursiva y avisarlo en el correo. Al parecer, al cambiar el texto de formato, se pierden las cursivas. El consejo a tus alumnas, más allá del chascarrillo, me parece que esconde una gran verdad. A fin de cuentas, de eso va mi artículo de hoy.

Augusto, mira que eres cabrito... Un abrazo fuerte.

Alfredo J Ramos dijo...

Buen artículo, Píramo, y oportuno. Como cada vez es mayor la posibilidad de escribir, o simular hacerlo, sin necesidad de que detrás haya una mente consciente, la colocación correcta de las tildes y, en general, el aprecio por esa higiene en la escritura que proporciona la ortografía acabarán siendo, tal vez lo son ya, la única prueba de que un texto es obra de alguien que verdaderamente quiere comunicarse y desea hacerse entender. Celebro comprobar que, pese a las astenias equinocciales, sigues en buena forma. Abrazo.

Montse Sanjuan dijo...

Totalmente de acuerdo. He propuesto a mis alumnos que se envíen los whats sin faltas de ortografía. Que se corrijan entre ellos... Soy insistente. A ver si me hacen caso.

Antonio Tello dijo...

¡Magnífico artículo! El respeto al otro, a uno mismo y acaso el respeto a la vida toda comienza por poner esa coma o esa tilde en su sitio!

Laureano Martín dijo...

Como siempre una gran verdad. Un poco no es nada, pero ese poco se termina convirtiendo en un mucho por la desidia humana. Que conste que yo tampoco acentúo por vaguería jajaja

Maite Dsc dijo...

¡Me ha encantado!

Jorge Gutiérrez dijo...

Está muy bien.

Un detalle técnico: si desde el final del artículo pinchas en el botón de facebook, el de corpartir, en la vista previa muestra el texto del primer comentario, no del artículo. Creo que te interesa que se vea tu contenido, por eso aviso. En blogger hay una etiqueta (creo) que indica hasta donde se ve del texto (si lo compartes, muestra el enlace "leer más..." ). E Ánimo, que no es complicado.

Leticia Zulaica dijo...

Siempre leo lo que nos pones en bandeja, este artículo es de los que más me ha gustado. Gracias Cesó Todo Y Dejéme. Que no te invada la holgazanería por la cuenta que nos trae

Píramo dijo...

Alfredo, qué bueno tenerte por aquí. Y totalmente de acuerdo con tus siempre lúcidas apreciaciones. Un abrazo.

Montse, qué buena iniciativa. Tomo nota.

Antonio, cierto. No había reparado en la reflexión de que el respeto ortográfico es también el respeto por uno mismo.

Maite, Jorge. Gracias, sois muy amables. Jorge, trataré de solventar ese detalle técnico.

Leticia, mil gracias. Eres muy generosa conmigo.

Laure, tú también estarías en esa lista de las personas que tiene uno que encontrarse en la vida para dar lo mejor de sí mismo. Gracias por tu implicación.

Lucía Vicario dijo...

Un artículo estupendo.