jueves, 11 de febrero de 2016

314. Fotocopias

En el instituto donde ejerzo eso que un día llamábamos docencia (la juglaría se la dejo de momento a los pedagogos de nuevo cuño) el tesorero ha hecho público el gasto trimestral de fotocopias. Se trata de un listado donde aparece el nombre de cada profesor junto a dos cifras, la primera de las cuales señala el número total de fotocopias realizadas por el docente en cuestión y la segunda traduce ese mismo dato a su correspondiente dispendio económico.
Juro por Cervantes que cada año hago lo que está en mi mano; reduzco el tamaño de la letra, utilizo las dos caras del papel, invento collages de corta y pega para aprovechar cada rincón de la hoja, sacrifico dolorosamente a las fraguas de Vulcano alguna estrofa… No importa, es inútil: indefectiblemente mi nombre aparece cada trimestre acompañado del terrible sintagma escrito en rojo: “GASTO SUPERIOR A LA MEDIA”. Uno siente entonces en su fuero interno el escarnio público como si fuera uno de los morosos de la lista de Montoro: ahí lo tenéis, el manirroto gastador de fotocopias, responsable de resentir con sus desmanes el presupuesto del centro, el fotocopiador compulsivo, el despiadado aniquilador de árboles.
Y, sin embargo, qué quieren que les diga, cuando Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León o San Juan de la Cruz se perpetúan en cada fotocopia y visten los pupitres con su fiesta de tinta, se me antoja muy pequeño aquel milagro de los panes y los peces y aquel otro de la resurrección. Cuando por prodigio de la luz, Góngora, Quevedo y Lope colonizan carpetas, paredes y el iris de los estudiantes, la clonación genética me parece un juguete de laboratorio. Cuando Lorca se reduplica en la tinta del papel caliente, siento que ese mismo calor del papel, que es como pan recién hecho, reconforta la fría fosa donde yace y que se levanta de ella con su traje blanco manchado de tinta porque su traje blanco es el papel mismo donde la tinta todavía fresca de la fotocopia irriga de vida la muerte alba.
Mientras las diputaciones provinciales malgastan su dinero en editar el deplorable libro de un fulano amiguete del alcalde que quiere satisfacer la vanidad de verse publicado en letra de molde, yo creo que no haré ningún daño si Miguel Hernández se vuelve cómplice mío en eso de gastar por encima de nuestras posibilidades.
Yo propongo una bacanal de fotocopias, una lluvia de hojas volanderas que caiga sobre el mundo como caen esos paquetes de comida sobre las gentes menesterosas del tercer mundo tras una catástrofe; propongo serpentinas de versos, confeti de palabras, propongo un plan Marshall de fotocopias que reconstruya esta intemperie, propongo un aguacero de pasquines clandestinos donde la poesía diga su verdad, quiero un diluvio de fotocopias, feliz azote de los barrenderos ilustrados.

En el tablón informativo del instituto luce en rojo mi nombre. Justo en frente, el conserje se afana con mi nuevo encargo de fotocopias. Me quedo observando su labor. Primero introduce el papel, luego cierra la tapa. Todo está listo. Pulsa el botón. La máquina empieza su retahíla rítmica. Y hay en el fragor de su mecánica una algarabía de versos. Y hay en sus haces intermitentes de luz una tormenta desatada que amenaza con cernirse majestuosa sobre la mediocridad de los que gastan… por debajo de la media.


Amigo lector:
Permíteme la vanidad de dedicar este artículo a nuestro blog, que acaba de cumplir 7 años. A la postre, Internet es la máquina de fotocopias del siglo XXI. Gracias por tu lealtad y cariño.

19 comentarios:

Tisbe dijo...

Me encanta la imagen de la bacanal de fotocopias y serpentinas de versos. Si es la única forma de acercar los clásicos a nuestros alumnos, no hay que tener reparo en hacer fotocopias. Digan lo que digan los secretarios de turno. Enhorabuena por el artículo.

Armando Requeixo dijo...

Fernando: si alguna vez te ves en apuros, silba hacia el norte, envía el texto por e-mail y recibirás ayuda élfica por vía postal. Y sí: Cesó todo y dejéme es grande, como sus responsables, así que estos siete brillantes primeros años son sólo el preludio de otros setenados que vendrán, a no dudarlo.

E. Martí dijo...

Amigo Fernando: Felicidades por el blog que perdura maravilloso. Siento no leerte como te mereces pero el tiempo, ese villano, las ocupaciones...me lo impiden

Qué bien escribes, chaval!!! Me encanta como cuentas el asunto de las fotocopias.
Me ocurre cada año. Me avergüenzo como niña chica!!! Pero... vivan las fotocopias, gracias a las cuales, los profes de la pública difundimos la cultura como podemos.
seguiré apareciendo en la lista roja hasta que me jubile.
un abrazo.
Esmeralda

Javier Angosto dijo...

Bendito tú que trabajas en un instituto en el que aún te hacen las fotocopias para los alumnos. En el mío no, en el mío no podemos ir nosotros -como se ha hecho toda la vida- a hacernos cargo de las fotocopias. Se obliga a los alumnos a ir ellos en persona a pedirlas y pagarlas con una tarjeta. El resultado es que a la hora del patio los aledaños de la conserjería están como el metro en hora punta y, además, cuando llega el momento, muchos chavales se presentan en clase sin las fotocopias de marras.

Por cierto, ¿publica también el tesorero de tu centro cuánto gastáis en ordenadores? Porque aquí parece que los profesores de Literatura, con las fotocopias y los libros de lectura, arruinamos a las familias y al erario. En cambio, cualquier gasto que se haga en nuevas tecnologías se da por bien empleado.

Pilar Blanco dijo...

Ave, Fernando. Otra profa compulsiva te saluda. Aunque en mi instituto no nos zahieren con semejante escarnio, cosa de agradecer.

Rosa Mari Sanhauja dijo...

A bombardejar, s'ha dit. Amb el teu permís, comparteixo.

Ana Vázquez dijo...

Pues sí, me suena el asunto

Tu madre dijo...

Siempre que leo tus artículos y en mi humilde entendimiento en los que de unos me entero y en otros na de naaa.....este de hoy me he recreado leyéndolo como otros muchos. ...estupendo (mijo )

Ana María Alarcón dijo...

Si con sus fotocopias contribuye a que nuestros clásicos estén menos muertos , pues que vivan sus serpentinas de versos como el dice , muy bueno!

Tu padre dijo...

Estupendo artículo, te superas cada día.

Lourdes Carreras dijo...

Muy bueno.(A ver si Los herederos de te van a pedir explicaciones por fotocopiar) broma de lado, no hay manera de que los tengan en forma digital en parte?

Inma Aguado dijo...

¡Genial!

Maite Dsc dijo...

¡Precioso!
A veces me dan ganas de pedirle a alguno de mis compañeros de los que apenas hacen fotocopias que hagan alguna de las mías en su nombre

Ángela Molina dijo...

Soberbio.

Verónica Padilla dijo...

¡Bacanal de fotocopias! ¡Confeti de palabras! Comparto, compañero

Angelus dijo...

¡Felicidades por el aniversario! Yo también me veo envuelto en la misma problemática: de momento, el aviso ha sido únicamente oral. Saludos.

Anónimo dijo...

Javier Angosto, ¡¡concuerdo contigo en todo!!!

PEDRO GOMILA dijo...

Esas fotocopias, Fernando, son las huellas que llevan hasta la palabra siempre viva de los clásicos. Una orgía, sí, pero también un rito, lo lúdico y lo sagrado unidos en esa lluvia de papel y tinta.

Píramo dijo...

Gracias a todos. Sois estupendos.