domingo, 9 de mayo de 2010

44. El Mèdol: cantera literaria

Amanece en Tarragona. El sol se derrama en ámbar sobre el anfiteatro, el circo, las murallas... Y en esta resurrección que propicia la luz a las piedras milenarias hay un no sé qué de misticismo apolíneo que no entienden las glorietas, los semáforos, el asfalto, todavía solitarios y apocados ante la majestad de los vencedores del tiempo. Tardará un poco aún el carro de Helio en situarse sobre la cantera del Mèdol y tal vez su jinete, siendo el ojo del mundo, no repare en la espiga pétrea que se yergue entre la hiedra, apuntando al cielo, cual sacrílego dedo acusador que le reprochase a Júpiter la negación del don de la carne y de la sangre y del dolor del parto, que su matriz fue de piedra. Tomará las bridas Helio de sus cuatro corceles, pasará de largo y quedará a oscuras, de nuevo, la madre olvidada de Tarraco.
Pocos lugares tan sugestivos como la cantera del Mèdol. De ella se extrajo el material para la construcción de la Tarraco imperial y del ingente trabajo de los canteros queda el testimonio de ese monolito que da fe de la profundidad de los trabajos de extracción. En 1992, Jaume Carreras y Enric Garriga publican El Mèdol. Acta general d'un espai peculiar (Edicions El Mèdol). El libro recoge los testimonios culturales que, a lo largo del tiempo, se han ido produciendo alrededor de este monumento. La capacidad evocadora de ese rincón fue abono inmediato para la creación literaria. Joan Antònio i Guàrdias termina así su soneto dedicado al Mèdol: "encara en el seu pit de doble dama/més d'un joiell contempla com s'inflama,/sortit de tu, l'altívola ciutat"(1); Manuel Brunet, en un artículo publicado en 1929 en la revista Mirador, compara la aguja del Mèdol con una letra capitular y termina: "Ha prestat servei només una vegada, però d'una manera definitiva. I s'acontenta essent el motllo, el negatiu, d'on han sortit molts altres monuments [...]" (2); el poeta novecentista Josep Carner le dedica otro soneto que empieza: "Oh, grans entranyes buides, oh grans entranyes ertes,/oh desolació d'una maternitat!"(3); Eduard Estellés ideó una fábula sobre los amores prohibidos de la ninfa Euterpe y un pastorcillo, como consecuencia de los cuales, el pastor fue enterrado en el Mèdol. El oráculo de Delfos vaticina la liberación del pastor el día en que un hombre y una mujer hagan música en el lugar. Estellés hace así referencia al concierto que Rita Brosa realizó en la década de 1930 en el Mèdol, convirtiéndose así en la liberadora del atrevido pastor; Joaquim Icart publicó en el entonces Diario de Tarragona, en 1933, un artículo sobre la cantera, con un preámbulo muy bonito sobre la necesidad de la belleza, aunque luego su afán nacionalista empaña la universalidad del concepto que defiende y convierte al Mèdol en instrumento de su ideario independentista.; Marià Manent compara “l’agulla” con los pilares “castellers”; Mn. Ramon Pinyes enfoca su homenaje desde la concepción cristiana del oprimido, refiriéndose a los esclavos que trabajaron la cantera: “Ara, lloem la traça i solidesa/de qualque monument,/i no parem esment/que a voltes tanta de grandesa/és pastada amb suó i sang innocent (4); Rovira i Virgili hace una apología del silencio del lugar en un editorial a La Publicitat en la década de 1920. Finalmente, Lluís de Salvador que entre 1925 y 1936 fue director del entonces Diario de Tarragona, se suma a la nómina de apologistas con una editorial publicada en 1931 donde dice: “Aquí és on el silenci té la força evocadora d’un gran poema líric, i un poema líric la profunda intimitat d’un bell silenci. Aquí és el lloc on el temps no compta, perquè els moments no són hores, sinó aspectes plàstics; sinó remors i càntics de la Naturalesa.”(5)

Como dato curioso, mencionaré que la compañía de Margarita Xirgu, la actriz fetiche de Federico García Lorca, que había estrenado Medea en el Teatro de Mérida en traducción de Unamuno, quiso repetir la representación en el Mèdol ese mismo verano de 1933, aprovechando la gran acústica del lugar. El proyecto, que finamente se frustró por razones de visibilidad, demuestra la atracción que el Mèdol ejercía sobre la sensibilidad de las gentes del mundo artístico.
En fin, sirva este tributo literario para recuperar el recuerdo de este singular espacio y esperemos que la lira de Apolo y la inspiración de las nueve Musas sigan trabajando para que Helio no pase de largo sin hacer reverencia a la madre de la ciudad. Para que, en palabras de Lluís Via el Mèdol permanezca "com un vell druïda/petrificat, com un antic vident, com colós egipcià que tingués vida/i cor i pensament". (6)


(1) "Aún en su pecho de doble dama/más de una joya contempla cómo se inflama/salida de ti, la altiva ciudad".

(2) "Ha prestado servicio sólo una vez, pero de una manera definitiva. Y se contenta siendo el molde, el negativo, de donde han salido muchos otros monumentos"

(3) "¡Oh, grandes entrañas vacías, oh grandes entrañas yermas/oh desolación de una maternidad!"

(4) "Ahora, alabamos la traza y entereza/ de cualquier monumento,/ y no paramos mientes/ que a veces tanta grandeza/ fue amasada con sudor y sangre inocentes"

(5) "Aquí es donde el silencio tiene la fuerza evocadora de un gran poema lírico, y un poema lírico la profunda intimidad de un bello silencio. Aquí es el lugar donde el tiempo no cuenta, porque los momentos no son horas, sino aspectos plásticos; sino rumores y cánticos de la Naturaleza"

(6) "Y el Mèdol permanece como un viejo druida/petrificado, como un antiguo vidente, como coloso egipcio que tuviera vida/y corazón y pensamiento".

5 comentarios:

Esmeralda Martí dijo...

Los dioses no abandonan sus espacios.
Ese lugar permanecerá vivo porque fue concebido para el arte.
!Qué bonita ciudad!
Abrazos

Javier Angosto dijo...

Bueno, a veces, Esmeralda, los dioses no abandonan sus espacios, pero sí se ausentan una larga temporada. Son como los jefes de negociado, que en horas de oficina se van a tomar un café y se escaquean durante horas.
Me ha gustado mucho, Píramo, la metáfora de la "espiga péterea". Me parece digna de un sonteto de Gerardo Diego o de uno de Jorge Guillén.
En cuanto al "afán nacionalista", peste del siglo pasado y del tiempo presente, qué te voy a decir que tú no sepas...

Tisbe dijo...

La introducción de tu artículo me ha encantado. Coincido con Javier en la belleza de la metáfora "espiga pétrea".
Parece un sitio con algo de magia. Seguro que asistir a una representación teatral allí tiene su encanto, lástima que Xirgu no pudiera. Estaría bien que los empresarios teatrales retomaran la idea. Me imagino una noche de verano, con luna llena y una sueva brisa, viendo algún clásico. ¡Qué bueno sería!
Un beso.

Píramo dijo...

Esmeralda, nada más acertado que tu afirmación. El Mèdol sigue vivo porque existe en los demás monumentos revestidos de su carne. Gracias por tu comentario. Si vienes a Tarragona te hago de cicerone.

Javier, gracias por tu hiperbólica comparación con Guilén y Gerardo Diego. Respecto a la mentalidad cerril de los nacionalistas, te diré que se diferencian de los que amamos el arte sin banderas, en que ellos seguramente jamás escribirían un artículo como éste.

Tisbe. Tus palabras me recuerdan nuestras veladas teatrales en Almagro y, sobre todo, en Mérida. Qué auténtica maravilla la de presenciar una representación al aire libre y en entornos tan bellos. ¡Cuánto disfrutamos esos días!

Raquel dijo...

Leí el artículo en el Diari con mucha alegría de encontrarme con tu talento impreso. Espero encontrar tu firma más veces.
Un abrazo.