domingo, 19 de septiembre de 2010

58. El centenario olvidado de Luis Rosales

El pasado mes de junio, el profesor Javier Angosto escribía en el Diario de Teruel un enjundioso artículo titulado “Temarios cojos”. En él se quejaba de la criba que, a lo largo de los años se ha ido estableciendo en los planes de estudios de literatura. Un filtro cuyo criterio estaba más bien sujeto a consideraciones políticas que estéticas. Este fenómeno ha ido apartando de las aulas a determinados escritores, cuya presencia en las mismas resultaba, cuanto menos, inoportuna. Así, la Generación del 27 durante la dictadura o, en la actualidad, los escritores vinculados a la derecha. Por eso, todo el mundo sabe que este año es el centenario del nacimiento de Miguel Hernández y pocos se acuerdan de que también lo es el de Luis Rosales. Este poeta granadino no tiene un Serrat que le cante, ni un congreso internacional donde se discuta sobre su vida y obras, ni recibe apenas homenajes, salvando algún caso muy local, ni se le han hecho multitud de ediciones conmemorativas. Los medios de comunicación apenas  han dado difusión a la efemérides. Y, sin embargo, Luis Rosales es uno de los mejores poetas españoles del siglo XX. Su adscripción a la Falange durante la Guerra Civil le ha condenado al ostracismo. De poco parece haberle servido arriesgar su vida dando cobijo a Federico García Lorca en su propia casa o enfrentarse en el Gobierno Civil de Granada con el infame Ruiz Alonso al enterarse de la detención de Lorca durante su ausencia. Es más, como bien dice Javier Angosto en el mismo artículo, si La calumnia, obra que exculpa a Rosales de cualquier responsabilidad en la muerte de Lorca, la hubiera escrito alguien de derechas, en lugar de Félix Grande, todavía el lastre de la sospecha estaría amarrado a la figura de nuestro poeta. Luis Rosales representa, como hicieron otros, el proceso de rehumanización poética cuando las tesis de Ortega y la poesía pura de Juan Ramón Jiménez entraron en crisis. La vía que adopta Rosales para esta rehumanización es la religiosa, lejos, eso sí, de la pomposa retórica del nacional-catolicismo franquista. Así, el íntimo fervor de Abril (1935) y Retablo de Navidad (1940) o el panteísmo de algunos poemas de Segundo Abril (1972), como aquella hermosísima “Égloga de la soledad”, de raigambre garcilasista. La fase más esencial de su poesía la encontramos en La casa encendida (1949), Rimas (1951) y El contenido del corazón (1969). En ellas, Rosales raya en lo surrealista, introduce elementos cotidianos y busca la esperanza y la identidad en la recuperación de su pasado. También hallamos contenido social, como aquel “Tú sí los llamarás” de Rimas, donde el poeta se solidariza con los “muertos que enferman de los vivos / los muertos naturales” y poesía amorosa como en “El deshielo”, también de Rimas, que evoca el temor del poeta ante la posibilidad del final de una relación: “cuando despunte el sol, se hará el deshielo/que desate mi cuerpo sobre el agua”. En Diario de una resurrección (1979), Rosales experimenta la plenitud y renovación del vivir antes de convencerse en La carta entera (1984) del desamparo del hombre actual, incapaz de alcanzar la libertad total. En la sucinta semblanza que acabo de hacer de la obra de Luis Rosales, no caben todos los méritos y matices de este escritor cuya expresión poética alcanza complejidades que darían muchas páginas de análisis. Bástenos con recuperar su figura en este año de su centenario olvidado. Rosales, que nunca mostró gran afición hacia la política, sólo cometió el error de tener que elegir en una España donde obligatoriamente había que posicionarse. Esa fue la gran tragedia de muchos. Quizás cuando escribió “La voz de los muertos”, donde lloraba la desgracia de las dos Españas, ya presentía que también su voz acabaría siendo la de uno de ellos.

3 comentarios:

Capitán dijo...

Estupenda entrada, claridad meridiana, y ya no se sabe si es por razones políticas porque muchs de los que deciden los planes de estudio no conocen a algunos de los mejores escritores españoles.

Tisbe dijo...

Es una pena que la obra de buenos escritores caiga en el olvido por cuestiones ideológicas. Menos mal que cada vez más van surgiendo pequeños homenajes, como el tuyo, que refrescan la memoria literaria.

Píramo dijo...

Capitán, gracias. Muchos de los que deciden los planes de estudio no sólo no conocen a algunos de los mejores escritores españoles sino que no tienen ni idea de lo que se cuece en un aula. Así nos va.

Tisbe, el sectarismo político sólo ciega a las mentes obtusas. Gracias por ser tú una mente en la que poder expandirme yo.