lunes, 24 de marzo de 2025

683. Expurgo

 


La biblioteca de la Universidad de Alicante realiza periódicamente una limpieza de su fondo bibliográfico tras un cribado que llaman «expurgo» y que acaba con los libros proscritos colmando unos fríos anaqueles dispuestos extramuros de las salas nobles. Pasarán en el purgatorio una breve temporada después de la cual, si nadie se ha interesado por ellos, el inquisidor mayor, que es el tiempo, decidirá eliminarlos definitivamente a través de quién sabe qué horrible holocausto libresco.

La semana pasada me encontré cara a cara con uno de estos libros expatriados en unas estanterías fronteras a los lavabos. Era un ejemplar de la Editorial Aguaclara y, efectivamente, allí estaba, desposeído de su tejuelo, como un general degradado a quien han arrancado de la casaca la insignia de su autoridad. Se trataba de un libro de poesía titulado Innumerable sonrisa escrito por Nemesio Martín. El guiño a Esquilo, quien se refería así –«sonrisa innumerable»– a las olas marinas en su Prometeo encadenado, me pareció la llamada de auxilio definitiva: la poesía es un titán que nos ha dado el fuego y yo un Heracles de biblioteca que no puede permitir tamaño agravio.

Pido disculpas: no conocía a Nemesio Martín. Mi todavía corta vida en Alicante no me ha permitido aún acceder a la genealogía de los ilustres locales. Pero desde el mismo momento en que rescaté el libro, supe que éste pasaría de su condición de expurgado a vivir en la nobleza de la página cultural de un periódico: esta misma página. Hay quien llama a estas cosas karma, aunque nosotros preferimos llamarlo «justicia poética». Buceé por la vida de Nemesio Martín y conocí entonces su incorruptible vocación por la enseñanza de la literatura y por su difusión. Suyo es, entre otras muchas obras, el guion del Lope enamorado, que emitió TVE en 2019 y que él ya no pudo ver, pues fallecía en mayo del año anterior. No quiso participar del sortilegio la efeméride con su cifra redonda, tampoco la de la fecha de publicación del libro rescatado, que es de 1988. Pero tanto da. Aquí está Nemesio Martín, restituido de su balda de expurgados.

¿Procede ahora realizar una reseña de un libro de hace 37 años solo porque al columnista de turno le parece bien jugar con la anécdota? Pues algo habrá que decir, aunque sea brevemente. Porque es que, además, Innumerable sonrisa es un libro soberbio. Con prólogo de José Carlos Rovira, que entonces contaba con 39 años, e ilustraciones (las llamadas «aguadas») de Francisco Calvo (fallecido hace solo dos años), el poemario es un bellísimo canto al mar llevado a cabo por un mesetario (Nemesio Martín era natural de Medina de Rioseco) y esta paradoja parece sublimar, en el descubrimiento del gran azul, los versos del poeta, al contemplar, casi epifánicamente ese «intenso fulgor de vastedades, pulsos de espuma que embridan las arenas», «tálamo incesante de la luz y del agua», que él podía divisar desde la atalaya de su casa. El libro, alterna versos de corte popularizante que recuerdan a la primitiva lírica castellana, con versos cultos de enorme calado poético que evocan, en su esencia, el mismo mar de Pedro Salinas o de Juan Ramón Jiménez, ese absoluto que el poeta desea abrazar «hasta sentirse el pecho de cristal» y fundirse con él.

Hoy Innumerable sonrisa está bien acogido en la biblioteca de mi casa y nuestro Rogelio Fenoll seguro que ha colocado en la maquetación de este artículo una foto entrañable de Nemesio y todo está donde tiene que estar. Y todo está en orden. Y todo está bien.

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