La biblioteca de la
Universidad de Alicante realiza periódicamente una limpieza de su fondo
bibliográfico tras un cribado que llaman «expurgo» y que acaba con los libros
proscritos colmando unos fríos anaqueles dispuestos extramuros de las salas
nobles. Pasarán en el purgatorio una breve temporada después de la cual, si
nadie se ha interesado por ellos, el inquisidor mayor, que es el tiempo, decidirá
eliminarlos definitivamente a través de quién sabe qué horrible holocausto
libresco.
La semana pasada me
encontré cara a cara con uno de estos libros expatriados en unas estanterías
fronteras a los lavabos. Era un ejemplar de la Editorial Aguaclara y,
efectivamente, allí estaba, desposeído de su tejuelo, como un general degradado
a quien han arrancado de la casaca la insignia de su autoridad. Se trataba de
un libro de poesía titulado Innumerable
sonrisa escrito por Nemesio Martín. El guiño a Esquilo, quien se refería
así –«sonrisa innumerable»– a las olas marinas en su Prometeo encadenado, me pareció la llamada de auxilio definitiva:
la poesía es un titán que nos ha dado el fuego y yo un Heracles de biblioteca que
no puede permitir tamaño agravio.
Pido disculpas: no
conocía a Nemesio Martín. Mi todavía corta vida en Alicante no me ha permitido
aún acceder a la genealogía de los ilustres locales. Pero desde el mismo
momento en que rescaté el libro, supe que éste pasaría de su condición de
expurgado a vivir en la nobleza de la página cultural de un periódico: esta
misma página. Hay quien llama a estas cosas karma,
aunque nosotros preferimos llamarlo «justicia poética». Buceé por la vida de
Nemesio Martín y conocí entonces su incorruptible vocación por la enseñanza de
la literatura y por su difusión. Suyo es, entre otras muchas obras, el guion
del Lope enamorado, que emitió TVE en
2019 y que él ya no pudo ver, pues fallecía en mayo del año anterior. No quiso
participar del sortilegio la efeméride con su cifra redonda, tampoco la de la
fecha de publicación del libro rescatado, que es de 1988. Pero tanto da. Aquí
está Nemesio Martín, restituido de su balda de expurgados.
¿Procede ahora
realizar una reseña de un libro de hace 37 años solo porque al columnista de
turno le parece bien jugar con la anécdota? Pues algo habrá que decir, aunque
sea brevemente. Porque es que, además, Innumerable
sonrisa es un libro soberbio. Con prólogo de José Carlos Rovira, que
entonces contaba con 39 años, e ilustraciones (las llamadas «aguadas») de
Francisco Calvo (fallecido hace solo dos años), el poemario es un bellísimo
canto al mar llevado a cabo por un mesetario (Nemesio Martín era natural de
Medina de Rioseco) y esta paradoja parece sublimar, en el descubrimiento del
gran azul, los versos del poeta, al contemplar, casi epifánicamente ese
«intenso fulgor de vastedades, pulsos de espuma que embridan las arenas»,
«tálamo incesante de la luz y del agua», que él podía divisar desde la atalaya de
su casa. El libro, alterna versos de corte popularizante que recuerdan a la
primitiva lírica castellana, con versos cultos de enorme calado poético que
evocan, en su esencia, el mismo mar de Pedro Salinas o de Juan Ramón Jiménez, ese
absoluto que el poeta desea abrazar «hasta sentirse el pecho de cristal» y
fundirse con él.
Hoy Innumerable sonrisa está bien acogido en
la biblioteca de mi casa y nuestro Rogelio Fenoll seguro que ha colocado en la
maquetación de este artículo una foto entrañable de Nemesio y todo está donde
tiene que estar. Y todo está en orden. Y todo está bien.
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