La semana pasada dediqué unas líneas a la visita que García Lorca realizó a Tarragona en 1935. Mientras confeccionaba el artículo, recordé que otra insigne figura de la Generación del 27 había visitado también la ciudad: Pedro Salinas.
Hasta donde he podido documentarme, en el exiguo margen de una semana, las referencias sobre la visita de Pedro Salinas a Tarragona son muy escasas. La principal fuente de información son dos cartas que el poeta madrileño escribe a su amante Katherine Whitmore el 16 y 17 de agosto de 1932. En la primera, el poeta, enterado por otra carta de ella, de que la estudiante americana va a visitar Tarragona y Barcelona, le pide las fechas y los nombres de los hoteles donde se va a hospedar, probablemente para encontrarse con ella. En la segunda misiva, Salinas la orienta sobre qué monumentos debe visitar en ambas ciudades. Está claro, pues, que Salinas había visitado la ciudad antes de estas fechas, ya que recomienda los lugares de interés. ¿Pero en qué fecha anterior a agosto del 32 estuvo Salinas en Tarragona? Ni las dos biografías más importantes sobre el autor (El azar impecable, de Barrera López, y Pedro Salinas y su circunstancia, de Jean Cross) mencionan el hecho. Tampoco clarifican nada las Cartas de viaje, recopiladas por Enric Bou. Sí sabemos, por una carta de Salinas a Juan Guerrero del 28 de agosto de 1929, que el poeta estuvo en la Exposición Internacional celebrada en Barcelona ese mismo año. Quizás pudo aprovechar la escasa distancia para acercarse a conocer la ciudad. También sabemos que el 24 de marzo de 1930, formó parte de la comitiva de “intelectuales castellanos” (así los denomina la prensa catalana de entonces), que fueron homenajeados en Barcelona por el apoyo que éstos habían ofrecido a la cultura catalana durante la dictadura de Primo de Rivera. Pero parece difícil que en esta ocasión Salinas se acercara a Tarragona porque en el programa de actos organizado por el comité de bienvenida, que sólo ocupaba dos días, únicamente se menciona una excursión a Sitges.
Sin embargo, un detalle de la carta de Salinas a Katherine Whitmore, acota la búsqueda. En la enumeración de sus recomendaciones turísticas, se detiene especialmente en la muñeca articulada hallada en un sarcófago de la Necrópolis y que el poeta vio “cuando la acababan de encontrar”. Sabemos que el hallazgo tuvo lugar en 1927 y que, en abril, el Diario de Tarragona ya informaba de la posibilidad de visitarla hacía un tiempo. Ignoro el mes exacto del descubrimiento pero no es relevante porque la frase de Salinas no debe tomarse al pie de la letra. Así pues, Salinas estuvo en Tarragona entre enero y las inmediaciones de abril de 1927. Debió de hospedarse en el Hotel Europa, hoy desaparecido, que estaba situado en la Rambla de San Juan (actual Rambla Nova, probablemente en la intersección con la Calle Unión), porque es el hotel que recomienda a Katherine. No es probable que ambos pasearan por Tarragona porque en una carta posterior, insiste en conocer el nombre del hotel de Barcelona y en otra recuerda sólo la experiencia con ella por la ciudad condal. Se desconoce el objeto de la visita de Salinas pero es probable que fuera meramente turístico. De la muñeca de marfil, Salinas escribe: “[…] aquella cosa frágil, infantil, preciosa, destinada no más que al juego y a la intrascendencia, me conmovió enormemente, al verla así salvada del tiempo, más que muchos monumentos triunfales. Y sigue conmoviéndome hoy, y me alegro infinito de que la veas. Ojalá se puedan salvar así del tiempo otras cosas extremadamente preciosas y difíciles, hechas por el puro placer, por el puro amor”. Al finalizar la guerra civil, la muñeca fue llevada al extranjero para evitarle daños. Tuvo más suerte que Pedro Salinas: la muñeca volvió en 1945; Salinas ya no volvió nunca del exilio
Únete al grupo de Facebook "Pedro Salinas y la muñeca de marfil del Museo Arqueológico de Tarragona". Nuestra reivindicación es que el museo coloque el texto que Pedro Salinas le dedica a la muñeca en la vitrina donde ésta se expone.
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Abajo, representaciones del Hotel Europa (fotografía y dibujo, respectivamente), donde se alojó Pedro Salinas. Era el punto de encuentro de los turistas y el lugar elegido por las grandes personalidades y hombres de negocios que llegaban a Tarragona. El hotel editaba, incluso, una revista y su cafetería tenía mucho prestigio. Fue derribado. Se extendía por la Rambla Nova y la Calle Unión, a la izquierda de la Rambla, mirando en dirección contraria al mar. Hoy hay en su lugar unas oficinas del BBVA.













